Las sesiones duran 3 horas porque el objetivo es tener tiempo suficiente para llegar realmente al fondo de un tema.
Durante una sesión solemos partir de un proceso o una dificultad que hemos identificado y profundizamos: ¿por qué funciona así? ¿Por qué existe este paso? ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Qué podríamos cambiar? ¿Qué consecuencias tendría?
Las 3 horas también nos permiten dar rodeos que a veces son esenciales: hablar de cifras, emociones, un miedo o una creencia, probar varios escenarios, volver sobre una intuición, cuestionarla, etc.
El objetivo no es tomar una decisión deprisa. Es tomar una decisión suficientemente trabajada como para no tener que cuestionarla otra vez dos días después.
Por ejemplo, si llegas pensando que hay que pasar de tres ofertas a dos, podríamos dar por buena esa intuición y construir las dos nuevas ofertas. Pero también podemos tomarnos el tiempo de entender por qué: probar escenarios, examinar las consecuencias, las cifras, los clientes y las limitaciones, y cuestionar la decisión.
Quizá después de tres horas la conclusión sea exactamente la misma: hacen falta dos ofertas.
No son tres horas perdidas. Al contrario: ahora la decisión está comprendida, argumentada y asentada.
El negocio seguirá evolucionando, por supuesto, y algunas decisiones tendrán que revisarse dentro de seis meses o un año. Pero no las cuestionarás cada semana simplemente porque aparezca una nueva duda.
Las 3 horas nos dan espacio suficiente para desviarnos cuando sea útil, manteniendo un límite claro: tenemos tres horas para llegar al fondo del tema, decidir y avanzar.